Ousmane Dembélé, ganador del Balón de Oro, sonríe cuando admite que si no presiona, será enviado al banquillo por el entrenador Luis Enrique. Esta declaración revela un cambio fundamental en la filosofía del Paris Saint-Germain. Los días en que los atacantes solo atacaban han terminado; bajo Enrique, incluso los delanteros más talentosos deben defender con entusiasmo.
Esto marca una dramática diferencia con la línea de ataque estelar de Kylian Mbappé, Lionel Messi y Neymar. Ese trío, aunque apetecible sobre el papel, no logró ganar la Champions League. Su falta de contribución defensiva convirtió al PSG en un equipo predecible y desequilibrado. Como señaló el artículo original, "todo ataque y nada de defensa hicieron del PSG un equipo aburrido".
Luis Enrique ha inculcado una ética de trabajo defensivo no negociable. Dembélé, Khvicha Kvaratskhelia, Désiré Doué y Bradley Barcola han adoptado esta visión. Entienden que presionar y retroceder no son tareas, sino componentes esenciales del fútbol moderno. El equipo ahora encuentra alegría en el trabajo sucio, un sentimiento reflejado en la tranquila aceptación de la regla por parte de Dembélé.
Este compromiso colectivo ha transformado al PSG en una unidad más cohesionada. Los atacantes, antes vistos como jugadores puramente de talento, ahora lideran la presión desde el frente. Su disposición a sacrificar la gloria personal por la estructura del equipo ha hecho que el PSG sea más difícil de vencer y más dinámico en la transición.
El cambio no es solo táctico, sino cultural. La dependencia del talento individual del régimen anterior ha dado paso a un sistema donde cada jugador defiende. Esto ha creado un sentido de propósito y disfrute, como lo demuestra la sonrisa de Dembélé. El equipo parece disfrutar el desafío de una parte del juego que antes se consideraba por debajo de ellos.
Al abrazar las responsabilidades defensivas, los atacantes del PSG han elevado su juego colectivo. La lección de la era Mbappé-Messi-Neymar fue clara: el fútbol había evolucionado y los partidos no se podían ganar solo con talento ofensivo. Ahora, con todos defendiendo, el PSG se ve más peligroso que nunca.
Basado en un reportaje de Football | The Guardian.